Redacción América, 28 feb (EFE).- Las criptomonedas siguen generando cambios profundos en la economía y la regulación global. En América, tres países muestran realidades muy diferentes: Estados Unidos flexibiliza su marco regulador bajo el segundo mandato de Donald Trump, Argentina lidera la adopción cripto en Latinoamérica y El Salvador, tras haber sido pionero en hacer del bitcóin una moneda de curso legal, afronta un retroceso en su apuesta digital.
Bajo la nueva administración de Donald Trump, Estados Unidos ha cambiado radicalmente su postura sobre las criptomonedas. Trump ha prometido convertir al país en un centro global de divisas digitales, dejando atrás la política de restricciones de su predecesor, Joe Biden. Su equipo ha impulsado una “reserva estratégica” de criptoactivos y ha colocado a Mark Uyeda al frente de la Comisión de Mercado y Valores (SEC), organismo que ha comenzado a revertir las regulaciones más estrictas del pasado.
El cambio más notorio ha sido la retirada de la demanda de la SEC contra Coinbase, una de las principales plataformas digitales de criptomonedas del país. La flexibilización del marco legal ha permitido la creación de fondos indexados de las monedas bitcóin y ethereum, ampliando el acceso de los inversores a estos activos. Se estima que unos 53 millones de estadounidenses poseen criptomonedas, consolidando a este país como un actor clave en el sector.
Argentina: un mercado en expansión pese a las incertidumbres
Según la Cámara Argentina Fintech, Argentina cuenta con más de 2,5 millones de usuarios activos mensuales y un volumen de transacciones que superó los 91.100 millones de dólares en 2024.
El crecimiento del sector ha sido impulsado por la necesidad de los ciudadanos de resguardar sus ahorros ante la inflación y las restricciones cambiarias. Sin embargo, el Gobierno de Javier Milei ha mostrado poco interés en fortalecer el ecosistema cripto local, a pesar de que importantes empresas del sector tienen raíces argentinas, como Open Zeppelin, la mayor auditora de criptomonedas a nivel global.
En términos de regulación, Argentina implementó en 2024 un marco normativo que obliga a los proveedores de servicios cripto a registrarse para operar, con el objetivo de prevenir fraudes y dar mayor seguridad a los inversores.
El propio presidente Milei está envuelto en una polémica relacionada con la criptomoneda $LIBRA. El 14 de febrero de 2025, el gobernante la promovió a través de sus redes sociales, presentándola como un proyecto destinado a impulsar la financiación de pequeñas empresas en el país.
Su respaldo provocó un rápido aumento en el valor de $LIBRA, que alcanzó una capitalización de mercado de 4.000 millones de dólares. Sin embargo, poco después, su cotización se desplomó, ocasionando considerables pérdidas para numerosos inversores.
El Salvador: del experimento cripto al retroceso
El Salvador hizo historia en 2021 al convertirse en el primer país del mundo en adoptar el bitcóin como moneda de curso legal. Sin embargo, la apuesta del presidente Nayib Bukele no tuvo el impacto esperado. A pesar de las exenciones fiscales y la inversión de más de 300 millones de dólares en infraestructura criptográfica, el uso del bitcóin entre la población ha disminuido drásticamente.
Además, a finales de enero pasado, El Salvador dejó de usar el bitcoin como moneda de curso legal. El presidente salvadoreño había anunciado en 2021 a bombo y platillo que el país sería el primero en aceptar de manera oficial ese tipo de pago.
Encuestas recientes indican que en 2024, el 91,8% de los salvadoreños no utiliza la criptomoneda, y la reforma de la Ley Bitcóin ha eliminado su estatus de moneda de curso legal. Esta modificación fue una condición impuesta por el Fondo Monetario Internacional (FMI) para otorgar un préstamo de 1.400 millones de dólares.
El futuro del ecosistema cripto salvadoreño es incierto. Proyectos ambiciosos como la Ciudad Bitcóin y los Bonos Volcán siguen sin concretarse y el Gobierno evalúa vender o descontinuar la Chivo Wallet, la billetera digital estatal.
Un ecosistema en constante evolución
Estados Unidos, Argentina y El Salvador reflejan tres enfoques distintos en el manejo de las criptomonedas: desde la flexibilización regulatoria y el impulso al sector, pasando por la adopción masiva con incertidumbre política, hasta el retroceso tras una apuesta gubernamental fallida.
A medida que el ecosistema cripto evoluciona, estos países seguirán marcando el rumbo en la región, cada uno con sus propios desafíos y oportunidades. Entretanto, otros países de América también avanzan en esta tecnología con distintos grados de regulación y adopción.
Brasil lidera Latinoamérica en usuarios de criptomonedas, con 26 millones de inversores. La Bolsa de São Paulo ofrece diecisite fondos cotizados (ETF) vinculados a criptoactivos. Sin embargo, su uso cotidiano es escaso. La ley de 2022 penaliza las estafas con activos digitales y otorga al Banco Central facultades regulatorias.
En México, con 3,1 millones de usuarios cripto, se espera que el mercado crezca a 3,82 millones en 2027. Aunque la Ley Fintech reconoce los activos digitales, el Banco de México prohíbe a instituciones financieras operar con ellos.
Venezuela es el segundo país latinoamericano en adopción de criptoactivos. Aunque según Chainalysis, una plataforma de datos de blockchain, el Gobierno los usa “como arma para la corrupción”, los ciudadanos recurren a ellos para resguardar su economía. El “petro”, la criptomoneda promovida por el Gobierno, ha perdido relevancia.
Canadá se encuentra entre los países que han optado por una regulación estricta. Otros, como Uruguay y Bolivia, han aprobado marcos normativos en 2024, mientras que países como Guatemala, Ecuador y República Dominicana carecen de regulación y muestran una adopción limitada.
A pesar de las diferencias en su regulación y adopción, las criptomonedas siguen transformando las economías de América, un fenómeno que previsiblemente continuará en expansión en los próximos años.
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